Maquillaje… “Mamá, no quiero maquillarme”

Maquillaje…”Mamá, no quiero maquillarme”

La mayoría de veces que acude a consulta una adolescente, entre las muestras de malestar que señalan los pades está la falta de maquillaje. El maquillaje, o mejor dicho la ausencia del mismo, pasa a ser un indicador de que algo “va mal”.

“¿Pero has visto que no se arregla nada?”.

“¡Es que no se cuida!”.

“Un poco de maquillaje… Tampoco hace falta mucho”.

“Me gustaría que se arreglase más, mira cómo va…”.

Son algunas de las verbalizaciones que uno puede llegar a encontrarse. Sin embargo, ¿realmente es un síntoma de que “algo va mal”?

Si uno utiliza un buscador con el fin de encontrar relaciones entre el uso de maquillaje y la salud mental, encontrará cientos de páginas que señalan una correlación. De hecho, si nos paramos a estudiar lo que cada artículo o página web indica, encontraremos titulares como: “Maquillarse contra la depresión” o “El maquillaje como terapia”. De hecho, no es necesario llegar a buscar en Internet, ¿quién no ha escuchado algo similar a algún familiar o amigo? “Fulanita ha dejado de arreglarse, debe de estar pasándole factura el estrés…” “¿Has visto que ya no se arregla nada? Yo creo que está deprimida”.

Para comprender mejor si realmente el maquillaje es un indicador o síntoma, cabe realizarnos varias cuestiones. En primer lugar, ¿de qué factores depende la salud mental? Y en segundo lugar, ¿existen datos que avalen la relación maquillaje-salud mental?

La relación maquillaje-salud mental

Como se ha señalado anteriormente, muchas páginas webs, artículos y personas avalan que el maquillaje tiene la capacidad de eliminar cualquier síntoma de malestar o de ser un indicador de una salud mental equilibrada. La primera de las afirmaciones es arriesgada. Cabe realizar una búsqueda de artículos científicos (sí, aquellos que realizan profesionales y no páginas web de “belleza”) para darnos cuenta de la falta de ajuste a la realidad de dicha afirmación… Cero artículos al respecto. Y los que hay, referidos a la estética general y de dudosa validez.

Bien, centrémonos en la segunda afirmación: maquillarse como indicador de una salud mental equilibrada. Para entender mejor el alcance de dicha relación, vamos a partir de un ejemplo. Imaginemos por un momento que eres una mujer que se va a maquillar frente al espejo del baño. Guardas todo tu maquillaje en un estuche de aproximadamente el tamaño de una caja de zapatos. Sin querer, al sacarlo del cajón, se te resbala de las manos y cae al suelo. Por desgracia, los botes se abren y las pinturas se derraman por todo el linóleo. ¡Ya no puedes maquillarte ese día! De hecho, no vas a poder en varios días porque sales tarde de trabajar y no vas a poder pasar por ninguna tienda. ¿Qué opinarías si esa mañana recibes varios mensajes en la línea de “¿te ocurre algo?”, “¿estás enferma?”…?

Parece un ejemplo exagerado y poco adecuado. Sin embargo, si lo pensamos con propiedad, la relación maquillaje-salud mental no especifica las razones por las que puede que no se lleve maquillaje. Y aquí está el “quid” de la cuestión. Si no llevas maquillaje por razones de salud, comodidad, casualidad o porque simplemente te ves maravillosa al natural… ¡No hay problema!

¿Cómo lo diferencio?

La clave está en diferenciar cuándo alguien no se maquilla porque no se siente cómodo consigo mismo. Normalmente, la falta de maquillaje que afecta a la salud mental suele ir acompañada de verbalizaciones u otras actuaciones que denotan que “algo va mal”. Ya sea en forma de dificultades a la hora de dormir, falta de hambre…

Así que no, que tu hija decida no maquillarse no es un problema.

 

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